Objetivo 2030: 30% de energía renovable

Conversaciones sobre Sostenibilidad #3. por Iván Montenegro.


Recientemente, El País publicaba que España se une al objetivo de 30% de energía renovable: “España acepta a regañadientes elevar el objetivo de energías renovables al 30% en 2030”

¿Cuánto cree usted que contribuyen las renovables al sistema eléctrico español? Cuando hago esta pregunta a mis compatriotas aquí en los Emiratos, meca del petróleo, me ofrecen respuestas del estilo 2%, 3%… Pues no, habibi: las energías renovables aportan actualmente entre el 35 y el 40% de la energía del sistema eléctrico español, según datos de Red Eléctrica .

Entonces ¿Por qué el baile de cifras? Pues para cuantificar un objetivo, necesitamos definir con qué lo vamos a medir. En el caso de la nueva directiva europea, el indicador que se aplica en este caso es el “Consumo de energía final”. La definición nos la da el Eurostat, aunque no en Español: “Final energy consumption is the total energy consumed by end users, such as households, industry and agriculture. It is the energy which reaches the final consumer’s door and excludes that which is used by the energy sector itself.” En castellano y simplificando, básicamente toda la energía que se consume en una región, excluyendo cosas como el consumo de combustible de los barcos que traen el gas y el petróleo.
¿Por qué la reticencia de este nuestro Gobierno? Pues porque se va a alterar el mercado energético de forma significativa. En Eurostat, tenemos el consumo de energía dividido en tres categorías: electricidad, transporte, y calefacción. Curiosamente, comparando con países de nuestro entorno con los últimos datos disponibles (2016), España no está tan mal. De hecho, estamos más avanzados que Alemania, Francia y Reino Unido.

 

 

Fuente: Eurostat

 

Y, ¿Cómo vamos a avanzar hacia los objetivos de 2030? Pues la verdad es que es un tema complejo, y probablemente se habrán hecho multitud de estudios en este sentido, que no he encontrado todavía. A continuación dejo algunas ideas, y los lectores están invitados a aportar las suyas, como siempre:

 

Electricidad: En un mercado de la electricidad desarrollado, con muchas más plantas de generación convencional de las necesarias (tenemos un gran exceso de centrales de gas y ciclo combinado) y con gran penetración de renovables, ¿cómo podemos aumentar la penetración de renovables? Bueno, pues cuando Alemania se enfrentó al mismo problema, decidieron cerrar las nucleares, aprovechando la excusa de Fukushima. En España, sería más factible cerrar las centrales de carbón y parte de las de gas, muchas de las cuales no son rentables economicamente, y se mantienen por puro apoyo político – vease la defensa a capa y espada del ministro Nadal a las centrales de carbón. Otra medida complementaria sería la derogación del impuesto al sol, el gran gol por la escuadra del lobby energético español.
La bajada espectacular del coste de la solar fotovoltaica y el gran recurso solar de la península hace posible los paneles solares en los tejados, lo que en el mundillo se conoce como “Rooftop solar”. Esto haría maravillas por reducir la demanda de electricidad – y podría dañar significativamente las cuentas de la cosa nostra, digo… de las grandes eléctricas, por dos razones:

 

⦁ Tiene el potencial de reducir la demanda de electricidad a la mitad. Sí, la mitad. Un espectacular 50%.
⦁ Haría necesario invertir más en medidas de estabilización de la red eléctrica, ya que las fluctuaciones de producción solar podrían causar desequilibrios importantes.

Así que cobrando la mitad y además teniendo que pagar… ahora es fácil ver por qué tenemos el impuesto al sol, ¿no?
Una alternativa podrían ser grupos de baterías a nivel de distrito o de barrio, encargadas de mantener la estabilidad local de la red eléctrica. Una interesante oportunidad que aparecerá en el futuro próximo serán las “electrolineras”, negocios equivalentes a las gasolineras, que cumplen al menos 4 funciones:
⦁ Punto de carga de vehículos eléctricos
⦁ “Almacén” de energía eléctrica (Baterías)
⦁ Estabilizador de la red eléctrica local
⦁ Gestor o “comprador” del exceso de energía producido por los edificios cercanos

Seguramente que alguna gran eléctrica ya esté desarrollando este concepto ahora mismo. Si no, estoy abierto a ofertas

 

Transporte: La gran ventaja a dia de hoy de otros paises europeos en este sentido es el transporte por tren, que puede utilizar electricidad. El avance en este sentido será marcado por los vehículos eléctricos, cuyo mercado se espera que tenga un boom en la próxima década. Los principales fabricantes de automóviles se están esforzando en sacar vehículos eléctricos, ante la competencia china, mucho más avanzada en este sentido en capacidad de producción.
En paralelo al desarrollo del vehículo eléctrico, está apareciendo un nuevo paradigma: el “carsharing”, que básicamente se traduce en compartir coche. La idea es que te subscribes a un servicio, y puedes utilizar cualquier coche que esté disponible; ya existen muchas aplicaciones y compañías que ofrecen este servicio.
La principal innovación en un futuro estriba en los vehículos autónomos: un coche que te viene a buscar, te lleva hasta tu destino, y luego se aparca solo. Como un taxi, pero mucho más barato; supongo que los taxistas no se quedarán quietos ante este tipo de desarrollos, y como los Luditas, se encargarán de destruir o impedir estos vehículos con armas, bagajes, y abogados, al menos durante las primeras fases de implantación. Sin embargo, esto traería muchas ventajas, como la reducción de la congestión del tráfico y de la contaminación en los centros urbanos. Unido a las “electrolineras” mencionadas arriba, esto abre un nuevo frente comercial a los vecinos que venden parte de su producción eléctrica.

 

Calefacción y refrigeración: Quizá sea el apartado más interesante para los habitantes de las grandes ciudades. Actualmente, especialmente en Madrid, existe un gran problema de contaminación debido a la calefacción central de calderas de carbón y la baja eficiencia energética de los edificios.
El primer paso debiera ser reducir el consumo de calor de los edificios, promoviendo mecanismos simples de eficiencia energética como la renovación de las fachadas. Esto tiene un coste relativamente elevado, que podría ser apoyado por préstamos blandos estatales o mecanismos privados de financiación. Seguro que algún experto en finanzas puede ver las oportunidades de negocio – que además están apoyadas por la Unión Europea.

 

En paralelo, se debiera evolucionar hacia formas de generación de calor más amables como el medio ambiente, utilizando calderas de pellets, geotermia, placas solares térmicas, soluciones de calentadores eléctricos… utilizando fuentes de financiación como las descritas arriba, complementadas por presiones gubernamentales como un impuesto al carbón que aumente progresivamente para agilizar la transición.
Por suerte, no tenemos los problemas de contaminación al nivel de China, donde se están planteando sustituir el carbón por energía nuclear para producir agua caliente a gran escala (“District heating”). Las ciudades españolas no llegan al nivel de megametrópolis todavía, lo que espero que nos permita utilizar soluciones menos radicales.
Evidentemente, este artículo no entra en detalle debido a limitaciones de espacio (blog) y tiempo (mi tiempo libre), y es probable que ya haya iniciativas en este sentido. Me encantaría poder escuchar sobre ellas en los comentarios.

 

Por último, una nota de optimismo: A día de hoy, mientras que la energía eólica produce un nada desdeñable 20 % de la electricidad en España, la solar (fotovoltaica y térmica) es un ridículo 5%, teniendo en cuenta el recurso disponible. Ambas tecnologías han mejorado y reducido el precio espectacularmente; además, las tecnologías de almacenamiento (baterías) están bajando de precio; esto es muy importante, ya que las baterías permitirían suavizar la producción intermitente de la solar y la eólica, abriendo la puerta a un sistema energético más sostenible. Tecnológicamente, ya es posible llegar a un futuro renovable – ahora hace falta caminar hacia él. El objetivo de que el 30% de toda la energía utilizada sea renovable para 2030 está al alcance de la mano, al menos en Europa.

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