De lo que hablamos cuando debatimos sobre movilidad urbana

 por Jaime Caballero.


Recientemente estamos viendo como el urbanismo se cuela en el debate político Español, quizás el caso más paradigmático de esta infiltración sea la movilidad urbana, con las medidas “anti-coche” del ayuntamiento de Madrid protagonizando titulares de periódicos y telediarios, ahora bien,  en el debate sobre como nos hemos de mover hoy en día se suelen mezclar cinco grandes temas de una forma muy anárquica que hace difícil comprender el problema en su conjunto. Atender a cada uno por separado ayudará conocer la complejidad de este asunto tan de actualidad.

 

La lucha contra la contaminación y el Cambio Climático.

 Este es el argumento más útil para aquellos que quieren sacar el coche de las ciudades, y ha sido el disparador de las políticas “anti-coche” que se están poniendo en marcha en todo el mundo. La generación de gases de efecto invernadero se divide en 4 grandes “paquetes”: Deforestación y ganadería, energía para la industria, energía para inmuebles y transporte. En el caso de las ciudades españolas la producción energética suele hacerse a muchos kilómetros de distancia, y aunque su uso es muy ineficiente, es relativamente limpia al depender relativamente poco del carbón, y dado que nuestras grandes ciudades no son ni industriales ni agrarias el origen de la contaminación es principalmente el coche; no el único, las cocinas de gas y la gestión de residuos también juegan un papel importante, pero los coches son los auténticos protagonistas.

Independientemente de lo concienciado que se esté contra el cambio climático , nadie niega que vivir en un entorno no contaminado es más positivo y saludable. La contaminación nos afecta a bolsillo enormemente, pero también, nos mata. De acuerdo al informe de la UE sobre la calidad del aire de 2016, en 2013 29.980 personas murieron prematuramente en España por la mala calidad del aire.

Por otro lado, en la Unión Europea ya no caben discusiones negacionistas sobre el cambio climático, es una realidad política y así lo recoge la normativa europea. Es decir, no actuar contra la polución nos va a costar mucho dinero en multas según el articulo 258 del tratado de funcionamiento de la UE (TFEU).

Tenemos que pararnos y valorar cuanto apreciamos la comodidad que nos da el coche, y qué estamos dispuestos a sacrificar por ella, además, tengamos en cuenta que prevenir siempre es mejor que curar.

Es en este punto donde el coche eléctrico parece una buena solución, y lo es, siempre y cuando la energía eléctrica sea producida de forma limpia. Lo que no soluciona son los otros puntos de este artículo.

 

El uso justo y equitativo del espacio común.

Al pasear por cualquier ciudad es fácil ver que el espacio que ocupan los coches es mucho mayor que el de las aceras, normalmente la relación suele ser un tercio de aceras, dos tercios de circulación y aparcamiento, pero a veces ni siquiera eso. En calles poco concurridas no hay mucho problema, el aparcamiento se agradece, pero en otras es muy fácil ver calzadas vacías y aceras repletas. Esta configuración del espacio publico levanta ampollas entre los detractores del coche, sobre todo por el efecto llamada que genera tener calles muy cómodas para circular y muy incomodas para caminar.

Ahora bien, no olvidemos que los coches pagan impuestos de circulación, matriculación, y paso de carruajes, y que los taxis pagan licencias caras, por lo que es de recibo que poder usar aquello por lo que pagan este garantizado, pero, ¿es justo que la mayor parte del espacio disponible en las ciudades se le entregue a unos pocos, ya sea para circular o para aparcar: La vitalidad y la calidad de vida en las grandes calles pensadas con el peatón como protagonista es el principal argumento de los críticos del automóvil, un ejemplo: la gran vía de Bilbao.

 

El coste de la vida digna, igualdad de oportunidades.

Según el INE el 10% del presupuesto familiar en España se destina al coche, se trata del tercer mayor gasto solo por detrás de la vivienda (32%) y los alimentos y bebidas no alcohólicas (15%), por el contrario, el gasto en transporte colectivo supone el 1,35%. ¿Por qué gastamos tanto?, la respuesta es compleja, pero por desgracia gran parte de la culpa la tiene la falta de alternativas. Tomando Madrid como ejemplo, vemos que el urbanismo de la periferia está diseñado para depender del coche: grandes áreas residenciales, ya sean de chalets o de pisos, ocio y negocio concentrado en polígonos y centros comerciales, ciudades conectadas entre si por autopistas, y un servicio de transporte público infra dimensionado, y por lo tanto lento . El resultado es, que si no se quiere o puede vivir en el centro de Madrid, no tener un coche es una opción poco realista; y si la familia crece, estaríamos hablando de dos o hasta tres coches.

Un urbanismo de proximidad que no obligue a depender del coche, y un buen servicio de transporte público, reduciría mucho el coste de la vida, ya que si ese 10% se redujera a un 7% o un 6%, habría que considerar que el 3% restante equivale a lo que gastamos los españoles anualmente en ropa.

La derecha hace gala de que en España tenemos derecho a movernos libremente, y de que el automóvil es la mejor opción para ello, la más independiente y cómoda, tiene razón, pero lo que no puede ser es que sea la única. El coche al ser la opción más cara es en realidad un lujo, y no es justo obligar a la gente a tener que pagar lujos. Si abaratamos el coste de la vida, proporcionamos más recursos y oportunidades a los ciudadanos, y el coche, para quien se lo quiera pagar. Este es uno de los grandes objetivos de la idea de movilidad en el siglo XXI.

 

El modelo social.

 La sociedad tradicional española basada en la familia nuclear y fuertemente conectada con el resto de parientes, está siendo puesta en duda. Existe una gran diferencia de modelos sociales entre los centros urbanos españoles y las áreas suburbanas y rurales. Los primeros son cosmopolitas, tendentes a la globalización y cada vez más individualistas, la natalidad es mínima y la movilidad, laboral y habitacional, no deja de crecer, en cambio en los segundos la estabilidad y la inversión a largo plazo siguen primando.

En cuanto al coche, esto se traduce en que tener un vehículo en propiedad viviendo en un entorno urbano ya no es tiene gran atractivo, vale con compartirlo (car2go o emov) o ni siquiera eso, el transporte público y la bicicleta dan mejor solución a sus necesidades. Invertir en un coche dificulta la capacidad de adaptarse, de cambiar de piso o de ciudad. La globalización hace que en los países ricos el modelo de vida suburbano (el american way of life de chalet, perro y coche) pierda sentido, sobre todo para los jóvenes, y la subida de la demanda del alquiler que estamos viviendo es prueba de ello, demuestra que el nuevo objeto de deseo son los centros urbanos y la vida que ofrecen, con todo lo que eso tiene de repercusión para la industria del automóvil.

 

La gobernanza urbana.

 Quizás el debate más complejo es el del modelo de gobernanza de las ciudades. Hoy los ayuntamientos actúan con mucha independencia los unos de los otros, ocupándose de asuntos estrictamente municipales, y con un enfoque excesivamente local, ahora bien, la estrategia de movilidad de una ciudad no puede ser fragmentada en soluciones locales, debe ser entendida como una unidad.

Madrid y Barcelona no son sólo sus ayuntamientos, son áreas metropolitanas que engloban muchos municipios. La M-30 no se colapsa por los habitantes de la ciudad de Madrid, si no por aquellos que vienen de los municipios de la periferia: Alcorcón, Getafe, San Sebastián de los Reyes, San Fernando de Henares, Pozuelo… en definitiva, un área metropolitana necesita ser coordinada y pensada de forma metropolitana, si no lo único que se lograría sería enfrentar posturas e intereses sin llegar a soluciones válidas para nadie. Para administrar la ciudad y sus redes de movilidad es necesario poder gestionar la ciudad como es en realidad, una gran metrópoli donde gente de Las Rozas trabaja en Chamberí, y gente de Arganzuela estudia en Getafe.

Por otro lado y en paralelo está la acción de las administraciones, fijémonos en Barcelona, mientras el ayuntamiento responde a esta nueva sociedad urbanita y global siendo puntero en urbanismo internacional, al poner en práctica las “Supermanzanas”, y limitando la circulación de los coches, la Generalitat y el Gobierno Central buscan maneras de fomentar que la producción de Seat en Martorel no deje de crecer. Y si, cada uno responde a demandas distintas, pero si las políticas de generación de empleo no leen la nueva dirección que está tomando la sociedad española (el crecimiento de la población sólo se da en las grandes ciudades) estaremos manteniendo con respiración asistida un sistema que en realidad hemos desechado. Las metrópolis deben poder participar del diseño de la sociedad , ya que serán quienes la gestionen en la corta y media distancia.

Una vez conocidos y entendidos estos elemento del debate le corresponde a cada uno valorar su visión política sobre ellos, porque, a pesar de lo que muchos quieren hacer creer, el urbanismo no es una ciencia, es una forma técnica de resolver cuestiones políticas y por lo tanto no hay verdades absolutas. Por ello, si el objetivo es lograr una forma de vida más sostenible y duradera, ha de buscarse la sostenibilidad medioambiental, económica y social, y para ello la técnica urbanística no permite los desequilibrios que ahora mismo tenemos a favor del automóvil, es necesario abrir el abanico de opciones de movilidad.

Habrá a quienes les duela, quienes consideren que esto es una moda hipster, otros estarán convencidos del inminente fin del coche, pero ni tanto ni tan calvo. Se trata de defender un punto de equilibrio entre la demanda real de la sociedad y las aspiraciones de cada uno a vivir de la manera más cómoda posible. La ciudad es una imagen de la sociedad que la habita, no forcemos falsas necesidades, y permitamos que el ingenio dibuje las nuevas líneas de la movilidad urbana. Equiparar la eterna pelea de derechas contra izquierdas al debate de coches contra bicis, peatonalización o transporte público que pretenden algunos es un error, los ciudadanos lo saben y lo demuestran cada día.

 

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