Tríptico habanero

Microrrelatos de la ciudad #4, por Emilio Callejón


No me cuenta demasiado la ciudad, pero sí que canta. Me canta y me baila. Y confieso que me encanta.

No apareciste hoy a la sesión de las 5, y no he parado de buscarte. En la fila del Yara estaban todos menos tú. He buscado hasta en el último rincón del Copelia y he bajado la avenida hasta el Malecón. Los cielos, en tu ausencia, se han tornado en un rosado melodramático y he temido que cayeran de golpe. Caminando hacia La Vieja no han sabido deshacerse los chiringos, las aceras, los sones y habaneras. Todos me han bailado. Me han bebido. Me han Daiquirí.

Desperté donde despiertan los quejidos del azúcar, caminado de ciudad y resueltamente acompañado. Pero no en el Nacional. No quedabas como rastro. No quedabas como tal.

Aún resuenan en mi cabeza los acordes de aquel tres testarudo, que resuelve la paciencia de unos yumas a unas ocho cuadras de lo del Barbudo.

No me cuenta, pero me canta: “En mis sueños te colmo de bendiciones”.

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