Erbil, la ciudad más antigua del mundo en la encrucijada

Asian Affairs #3. Por Fernando Mendizabal.


El 1 de octubre del 331 a.C. en el norte de Iraq, tuvo lugar una de las batallas más importantes de la historia. En su campaña contra los persas, Alejandro Magno, procedente de Siria, cruzó el río Tigris cerca de Nínive (la actual Mosul) y en la llanura de Gaugamela derrotó al ejército de Darío III, que se encontraba acuartelado en la cercana ciudad de Arbela, provocando el colapso del Imperio Persa y abriendo el camino al control griego de la Ruta de la Seda, hasta más allá de los ríos Oxus e Indo y a a expansión cultural del helenismo por Oriente Próximo.

Para entonces, Arbela, la actual Erbil, era ya una importante y rica ciudad caravanera, con más de 2.500 años de antigüedad. En pleno Creciente Fértil y situada en las faldas de los montes Zagros, a las puertas de la meseta iraní, Erbil es la primera ciudad que las caravanas procedentes de Samarcanda, Merv y Kashgar encontraban al llegar a la llanura de Mesopotamia en su camino hacia Bagdad y los puertos del Mediterráneo oriental.

 

Mapa de situación de Erbil en Oriente Próximo

Se trata de una de las ciudades más antiguas que sigue habitada de forma ininterrumpida, hasta el punto de que sus casi 5.000 años de sedimentos asirios, medas, persas, partos, sasánidas, árabes y otomanos han creado una montaña artificial de 50 metros de altura (Tell), sobre la que se asienta su actual ciudadela otomana, que cuenta con eclécticos palacios de antiguas familias comerciantes donde se mezclan las arquitecturas persas, árabes y hasta venecianas. Esto le ha valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2014. El ayuntamiento prohibió la construcción de edificios altos cerca de la ciudadela , cuya silueta formada por sus grandes puertas y las fachas principales de los palacios, se muestran imponentes sobre la ciudad moderna. 

 

La ciudadela de Erbil, habitada desde el final de la prehistoria, se eleva sobre un monte artificial de sedimentos

 

Erbil es además la capital del Kurdistán Iraquí, una región que no accedió a la independencia tras el colapso del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial y que, al igual que sus vecinos árabes, turcos e iraníes, ha vivido desde entonces un siglo XX difícil y particularmente cruel durante los asesinatos en masa con gases químicos llevados a cabo por la dictadura de Saddam Hussein en la década de los 80. Durante los años  del desarollismo baazista, la ciudadela sufrió el derribo de su puerta principal y de buena parte de los edificios del centro, en su lugar se abrió una ancha avenida que une las entradas sur y norte, partiendo la ciudad antigua en dos e hiriendo de muerte la idiosincrasia local y alteró las dinámicas sociales de sus habitantes.

Sin embargo, desde la caída del régimen en 2003, el Kurdistán en general y Erbil en particular ha vivido un espectacular renacimiento económico, esta vez fuera de la ciudadela, que fue vaciada a principios de siglo a la espera de su reconstrucción. Este boom económico está basado en una enorme autonomía política (que le permite controlar directamente parte de los pozos y refinerías petrolíferas de la región) y bajo el paraguas de Estados Unidos, principal aliado de los kurdos desde la Guerra del Golfo.

 

vista de la ciudadela desde los arrabales del bazar

 

Aterrizar en Erbil a principios de esta década era algo parecido a llegar al Lejano Oeste. A medio camino entre la cochambre polvorienta y medieval y la modernidad barata de productos “made in China” del siglo XXI. Una zona relativamente tranquila de Iraq, con un moderno aeropuerto internacional, zona de permiso con hospitales para los soldados norteamericanos que seguían en el sur del país tras la invasión, autopistas, hoteles, centros comerciales y barrios residenciales en construcción y en el horizonte, los intermitentes fogonazos de los pozos petrolíferos. La sensación de la obra y el descampado, propias de un cambio de época en el desarrollo de un lugar, donde la modernidad que comienza a aparecer se mezcla con un subdesarrollo violento que no termina de irse: constantes cortes de agua y luz, controles de las milicias de peshmergas, muros de hormigón anti-coches bomba frente a hoteles y edificios públicos y helicópteros norteamericanos patrullando constantemente.

Gracias al petróleo, en Erbil y su hermana pequeña Sulimaniya, ha florecido una clase media formada por familias de comerciantes locales, así como por los cientos de miles de campesinos kurdos que, atraídos por su pujanza económica, han abandonado una agricultura de subsistencia, para trabajar en la construcción de los nuevos proyectos urbanos. Un éxodo rural acrecentado en los últimos años por la enorme cantidad de refugiados procedentes la vecina Mosul y las áreas controladas por Estado Islámico.

Ya entonces, dos años antes de que este grupo terrorista conquistara Mosul a sangre y fuego y destruyera las míticas ruinas de Nínive, eran muchos los árabes de esa ciudad que, tal y como me contaba uno de ellos, trabajador en el museo de historia, huían de la pobreza, el paro y los conflictos religiosos, y vivían y trabajaban en la próspera Erbil.

 

Nuevos desarrrollos urbanos de Erbil

 

Esa rápida prosperidad se basó en una economía rentista, dependiente del petróleo y no diversificada. Gracias a los petrodólares se importan casi todos los productos de China y Turquía en vez de invertir en industria o en tecnología de cultivos. Es un lugar donde abunda la corrupción y el clientelismo propios de una sociedad de clanes y donde las transacciones siguen siendo en efectivo, propias de una cultura de bazar.

Los nuevos oligarcas llevan una década invirtiendo sus ganancias petrolíferas en enormes proyectos inmobiliarios: hoteles, rascacielos de oficinas, condominios con seguridad privada… Este nuevo desarrollo económico atrajo incluso a inversores del Golfo y profesionales europeos: varias aerolíneas europeas como Lufthansa o Austrian Airlines llegaron a ofrecer vuelos directos a Erbil durante un tiempo. Además en los años más duros de la crisis del Euro, incluso ingenieros y arquitectos españoles e italianos, necesitados de contratos , encontraron en Erbil una alternativa a sus penurias y comenzaron a trabajar (con poco éxito) en decenas de proyectos de todo tipo, incluidos varios proyectos de reconstrucción de la ciudadela.

 

Sin embargo, hoy son muchos los problemas a los que se enfrentan los ciudadanos de Erbil.

En 2014 el crecimiento se detuvo bruscamente. Al mismo tiempo que los Peshmergas kurdos contenían la ofensiva del ISIS a pocos kilómetros de la ciudad, no muy lejos de la llanura de Gaugamela, esta inseguridad hizo que los inversores árabes retiraran su dinero de forma inmediata. Desde entonces, miles de proyectos siguen paralizados.

Además con Mosul reducida a cenizas, el Kurdistán afronta a una enorme crisis humanitaria, dado que buena parte de los refugiados de esa ciudad (árabes chiitas, sunitas y cristianos, así como yazidies, drusos, turcomanos…) viven hacinados dentro de campos de refugiados a las afueras de Erbil, enfrentándose tanto a la pobreza como a la desconfianza histórica de los kurdos, alimentada por décadas de opresión árabe y turca, además de por el miedo a posibles atentados de células terroristas infiltradas.

 

Vista de la moderna Erbil desde el campo de refugiados iraquíes

 

Estos conflictos sectarios han permeado tradicionalmente tanto en los gobernantes como en la burocracia clientelar de este lugar. Ahí se mezclan también las tensiones políticas entre los diferentes partidos kurdos, y el conflicto permanente entre los gobiernos regional y central iraquí. Un servidor pudo experimentarlo en carne propia, cuando participé como dibujante en la primera misión arqueológica española a Iraq desde la Guerra del Golfo. La expedición, dirigida por Alberto Garín e Ildefonso Ramírez, tenía como misión el estudio y la medición de un área concreta de la antigua Ciudadela, en ese momento administrada para la Unesco por el ministerio de cultura iraquí. Aterrizamos en plena lucha política entre el administrador, (turcomano) y el gobierno kurdo, y obtener los permisos oficiales nos obligó a pasar varias veces por una espectacular yincana administrativa, que incluyó al vicepresidente del Kurdistán (cuyo despacho estaba lleno de placas de amistad kurdo-americanas, banderas de Estados Unidos y fotos con John Kerry) y la preciosa sala de visitas de la casa del ministro kurdo de cultura (de la cual entraban y salían otros visitantes con pistolas enfundadas en la cintura).

 

Sirva esta pequeña anécdota como ejemplo de los problemas que supone el que no haya una burocracia profesional, donde al papeleo lo sustituye la pleitesía y de cómo entorpecía la tensión latente entre gobiernos. Esta ha ido escalando paulatinamente hasta septiembre y octubre de 2017, cuando, una vez tomada Mosul, derrotado el Estado Islámico, ocupada la provincia petrolera de Kirkuk (de mayoría kurda pero fuera del territorio autónomo) y con la economía recuperándose, el gobierno kurdo convocó un referéndum unilateral de autodeterminación, dando como resultado una altísima participación y más de un 90% de votos a favor de la independencia.

La reacción iraquí fue un ataque militar contra los peshmerga, obligándoles a retirarse de Mosul y de la provincia de Kirkuk. Al mismo tiempo, los dos países fronterizos del Kurdistán, Turquía e Irán bloquearon su espacio aéreo a vuelos internacionales con procedencia o destino Erbil y Sulimaniya, además Ankara amenazó con bloquear la exportación de petróleo kurdo, base fundamental de su economía y por si todo esto fuera poco, la ONU y hasta EEUU criticaron abiertamente el referéndum y se opusieron a la independencia de la región.

Desde entonces, el gobierno iraquí no sólo ha recuperado el control de los pozos de petróleo y sus exportaciones, sino que paga por primera vez desde 2014 los sueldos a los funcionarios kurdos, incluidos los peshmergas, mermando así la autonomía política de la región.

 

Asumida la imposibilidad de una independencia en el contexto actual, el gobierno kurdo ha centrado sus esfuerzos en reactivar la economía, para empezar, financiando desde agosto de 2018 más de 2.000 proyectos inmobiliarios privados que quedaron paralizados en 2014. Pero también con planes de desarrollo urbano, que incluyen, por ejemplo, un servicio nuevo de transporte colectivo (inexistente hasta el momento) con autobuses comprados a la ciudad de alemana de Düsseldorf y nuevas infraestructuras que fomenten el turismo, la inversión extranjera y diversifiquen la economía.

Retos para recuperar y aumentar el peso internacional no faltan, tampoco en cuanto a capital humano. Por ejemplo, el papel de la mujer fuera del hogar ha mermado considerablemente desde la caída del régimen secular de Saddam Hussein. Además, desde la descentralización del poder en Iraq y en un contexto muy nacionalista como el kurdo, las nuevas generaciones no solo tienen carencias en el conocimiento de lenguas extranjeras como el inglés, sino que, como ya  pudimos comprobar entonces, los jóvenes tienen muchas dificultades para comprender y expresarse en árabe, lengua oficial de Iraq y hablada desde Mosul hasta Casablanca.

 

Vista aerea de la ciudadela en 1950, tal y como se mantuvo durante siglos, hasta la construcción de la avenida central

 

En cualquier caso, Erbil intenta recuperar su perdido dinamismo, buscando convertirse en una ciudad definitivamente desarrollada y poniendo en valor su valiosísimo patrimonio histórico. En su contexto cercano, tras el desastre de Mosul y Siria, la economía turca en la cuerda floja y la iraní muy perjudicada por a las sanciones occidentales, la ciudad no tiene una rival cercana y si mantiene la estabilidad actual pronto será la ciudad musulmana más próspera al norte del desierto de Arabia y podrá recuperar su histórico papel en la encrucijada comercial que, como en la época de Alejandro Magno, abre las puertas entre Asia, Europa y África. Una interesante ciudad de la que oiremos mucho más en las próximas décadas y que seguramente volverá con un papel protagonista a los mapas de este siglo.

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