Dubrovnik, una historia de tres ciudades

Ciudades del Adriático #1. por Fernando Mendizabal.


A medio camino entre Venecia y Atenas, resguardada por las islas, bahías y escabrosas laderas de la costa dálmata, se yerguen las imponentes murallas que custodian Dubrovnik, la antigua ciudad estado de Ragusa.

Desde la Edad Media, su historia se oculta tras las sombras de los grandes imperios y naciones que se sucedieron en el Mediterráneo. A través de la diplomacia y el comercio, la República de Ragusa supo, tras independizarse de Venecia, sobrevivir hábilmente a las pugnas que ésta mantuvo con los bizantinos y posteriormente con el Imperio Otomano.

Ragusa, al igual que Malta, Génova o Venecia fue una de esas pequeñas repúblicas marineras del Mediterráneo que supieron navegar entre la convulsa geopolítica de la baja Edad Media y la Edad Moderna. La urbe se convirtió así en un árbitro necesario para las grandes potencias durante casi cinco siglos. En aquel mundo multipolar, de imperios, piratas berberiscos y enormes corporaciones religiosas, militares y coloniales, esta ciudad llegó a poseer la tercera flota mercante más importante del Mediterráneo. Gracias a lo cual, se convirtió en uno de los pocos reductos en Europa donde los hombres eran libres y podían dedicarse a comerciar y prosperar sin ser saqueados por monarcas ni ejércitos.

Con un sistema político parecido al de Hong Kong o Singapur, esta ciudad estado funcionó como una boyante tecnocracia financiera. Dirigida por el “Rector”, en ella convivió una sociedad multicultural, principalmente neolatina y eslava, que supo destinar los impuestos de sus ciudadanos a salvaguardar su libertad y prosperidad, financiando un sistema doble de murallas, que se mantuvo inexpugnable al mundo hobbesiano de los estados nación que lentamente se estaban creando tras ellas. La ciudad perdió definitivamente su independencia en 1806, cuando Napoleón abolió la República de Ragusa tras acudir como aliado y poner fin al asedio ruso que la mataba de hambre. Posteriormente fue anexionada al Imperio Austrohúngaro y ya en el siglo XX, engullida por la vorágine nacionalista en que éste desembocó con las guerras de los balcanes.

Como pocas ciudades, Dubrovnik se vio envuelta en las pasiones identitarias, que al igual que el celo religioso de hace cinco siglos, hoy vuelve a despertar en Europa. Esta lacra se cebó particularmente aquí, desde que perdió su independencia como ciudad mercantil y cosmopolita, y adquirió niveles inquisitoriales a principios de los años 90. Cuando sólo las murallas (ya entonces patrimonio de la humanidad) la salvaron de su último asedio mientras era bombardeada por el Ejército Popular Yugoslavo.

 

Bombardeo de Dubrovnik en 1991

El propio nombre de Dubrovnik (bosque de robles) de origen eslavo, convivió con el latino de Ragusa durante siglos. El idioma raguseano, una lengua latina, desapareció a lo largo del siglo XX, cuando la Yugoslavia de Tito practicó una política de eslavización y prohibición de las lenguas latinas, incluida el italiano (otro de los idiomas comunes en la zona hasta entonces).

Para investigar un poco sobre su historia, el viajero puede disfrutar de los mapas, cuadros y maquetas en el interesante museo marítimo,que se encuentra (junto al acuarium) en el principal baluarte de las murallas. O en las novelas y libros de historia de la librería Algebra, que encontrará sin pérdida en el Stradun, la calle principal.

Si en alguno de estos sitios compra un librito sobre la ciudad, el mejor lugar para leerlo quizás sea durante la obligada visita a la muralla. Serpenteando, rodeará el centro histórico y podrá apreciar, desde sus fabulosas defensas, la interesante geografía sobre la que se asienta: sus bahías, calas y los altos de sus colinas edificadas. Todo ello salpicado por torres, cúpulas y tejados, que irán recolocándose en bellas perspectivas a lo largo de su recorrido y que no consiguen difuminar el trazado reticular de sus calles y escalinatas; ya que, salvo algunos edificios puntuales, la mayor parte mantienen una altura homogénea, conformando un manto de tejados rojizos bajo la imponente presencia de la montaña Srd.

 

 

Y precisamente desde los elevados baluartes, podrá ver al otro invasor al que (como con Napoleón) se le han abierto las puertas de sus murallas: el dinero de los visitantes que llegan diariamente en los cruceros o que se alojan en los apartamentos turísticos de su centro histórico.

La esencia de esa ciudad estado, independiente durante 500 años, se basó, al no poseer un hinterland agrícola, en “mirar al mar” y enfocarse en el comercio internacional. Una vez que pasó a ser un municipio secundario de otros estados y muy significativamente de la  Yugoslavia socialista, su identidad comercial desapareció. La industria se concentró en Serbia y Zagreb (más cerca de centro Europa), servidas por los cercanos puertos de Split y Rijeka.

Es por ello que desde finales de los noventa, sus habitantes encontraron en el incipiente turismo de masas la fuente de prosperidad que los estados nacionalistas le habían negado.

Convertir su vieja ciudad en un producto de consumo inagotable con el que volver a prosperar.

Dubrovnik, que hace un siglo era una tranquila ciudad balneario para los pocos viajeros de las clases medias y altas, se ha rendido ahora al turismo de masas, con todas sus ventajas y sus inconvenientes. Y además, actualmente vive un genuino proceso de mutación identitaria, directamente ligado a la cultura audiovisual de sus nuevos y efímeros pobladores.

Efectivamente, ahora vive del pasado, pero no de su propia historia, sino cada vez más de ser el escenario de otra ciudad. La antigua Ragusa ha entrado en el imaginario colectivo de millones de personas en todo el mundo, pero como escenario de la ficticia King´s Landing (Desembarco del Rey) la capital de los Siete Reinos en la serie de televisión Juego de Tronos. Paradójicamente, un reino despótico y feudal, todo lo contrario que Ragusa, que (junto con Venecia)  más bien se parecería a las Ciudades Libres y librecambistas, como Volantis o Braavos.

 

Cartel turístico de Juego de Tronos

Este turismo masivo viene en muchos casos a ver una ciudad que no es Dubrovnik, ni conocen ni le interesa el espléndido pasado de la ciudad que tienen ante sus ojos, lo comprobarán cuando vayan a visitarla y descubran cómo ésta muta y se disfraza para satisfacer y entusiasmar a sus actuales “invasores”.

Podrá apuntarse usted a los concurridos circuitos turísticos por Desembarco del Rey, donde visitará la bahía de Aguas Negras, las fortalezas y palacios, y podrá ver cómo la ficción se hace realidad y cuáles fueron los trucos informáticos para ”tunear” las calles y los castillos en los que conspiran los Lannister y los Tyrrell.

Si va a visitar esta preciosa ciudad, tendrá el curioso ¿privilegio? de pasear por tres ciudades al mismo tiempo: La oficialista Dubrovnik, ciudad eslava balneario, con sus calles, tiendas y restaurantes. La eterna Ragusa, desde sus imponentes murallas y sus vistas al mar que la hizo grande. Y la cada vez menos imaginaria Desembarco del Rey, abyecta ciudad de intrigas, protagonista de una de las grandes fábulas de nuestro tiempo, donde algunas de sus vistas escenográficas forman parte del imaginario colectivo de la sociedad global.

Ya no se encuentra a mucha población local en el centro de la ciudad, ésta se ha marchado a los extramuros o a los bordes interiores de la muralla, donde quedan callejuelas tranquilas por las que no se adentran muchos de los turistas que disfrutan del escenario de sus calles centrales, atestadas en temporada alta. En estas callejuelas, entre sus casas, esquinas e iglesias, uno puede perderse y dejar de sentirse, por un rato, parte de esa masa deshumanizada.

Según datos de 2016, Dubrovnik cuenta con una oferta de 21.518 camas de hotel, para una población de 52.625 habitantes, a lo que hay que sumar la enorme oferta de camas ofrecidas en apartamentos turísticos. Estas cifras van en aumento, de forma muy significativa desde 2010, y durante el tiempo que Juego de Tronos sea una serie de referencia, su identidad seguirá mutando en aquellos lugares que sean reconocibles por las escenas de la serie, al igual que aquellos actores que se encasillan en los personajes que han representado durante mucho tiempo.

Tras dos siglos de tormento nacionalista, Dubrovnik está entrando en una nueva etapa en la búsqueda de su identidad. En una ciudad tan pequeña, estos cambios se perciben fácilmente. Aproveche a vivir en primera persona este fenómeno cuando la visite, pero sobre todo, déjese llevar por su encanto. Disfrute de la buena música en la terraza del Jazz Café Trobadour a la espalda de la catedral. Saboree su cocina adriática en alguno de los restaurantes de la calle Prijeko, sus platos son un vestigio no censurado de aquellos siglos de fusión cultural entre el mundo italiano, turco y eslavo.

Y en cualquiera de las tres ciudades en las que se encuentre en ese momento, no pierda la oportunidad de disfrutar de las magníficas puestas de sol, ya sea desde la fortaleza Lovrijenac, en el café Buza de la muralla o desde la Bahía de Aguas Negras.

Ese espectáculo, todavía, ningún fanatismo identitario podrá arrebatárnoslo.

 

 

Algunos links:

Gobierno de Croacia, 2016, Datos de turismo

El Pais, 1991, Sobre el bombardeo de Dubrovnik

3 thoughts on “Dubrovnik, una historia de tres ciudades”

  1. A qué fanatismo identitario se refiere usted? Deja caer que sea el croata, pero usted sabe perfectamente que el legítimo nacionalismo croata no hizo más que defender su derecho a la determinación. Y también sabe que fue el fanatismo nacionalista serbio quien bombardeó esa ciudad (y otras tantas), pero no se atreve a decirlo claramente. Quizás la vergüenza de quienes apoyan los nacionalismos estatales, como el español, sobre el derecho a la autodeterminación de las naciones sin estado, lo haya obligado a escribir ese artículo con tantos subterfugios. La violencia de los estados nación (llámese bombardear a los rebeldes, llámese prohibirles expresarse en referéndum) es difícil de defender con la cabeza alta y la conciencia tranquila.

    1. Cualquier batalla nacionalista se basa en el principio de considerar que una identidad de “pueblo” está por encima de la identidad individual de cada persona. Esa anulación de las personas es una muestra de fanatismo. La antigua Yugoslavia se deshizo en el momento que los fanáticos nacionalistas (de todos los grupos incluidos serbios y croatas) impusieron su discurso reduccionista. No hay nacionalismos buenos y nacionalismos malos. Sólo hay nacionalismos alienantes y descerebrados.

    2. En el artículo se hace referencia únicamente a la historia de la ciudad de Dubrovnik, y en el se nombran claramente algunos ejemplos de acciones fanáticas de corte nacionalista que sufrió la ciudad de Dubrovnik: la política de eslavización forzada llevada a cabo por el mariscal Tito sobre una población mayoritariamente latina, incluida la extinción de su lengua propia, el raguseano, así como del italianao, o el bombardeo por parte del Ejército Popular Yugoslavo en 1991 y como la ciudad fue defendida por sus habitantes croatas. Por tanto, su afirmación de que “se deja caer que es el croata” no tiene ninguna clase de fundamento. Además, el pueblo de Dubrovnik no defendió su derecho a la autodeterminación, defendió su derecho a no morir asesinados en un asedio.

      Como sabrá, la Guerra de los Balcanes sigue siendo uno de los conflictos civiles más complejos de las últimas décadas y que vino larvándose desde principios del sXX, con abusos intolerables tanto de los Chetniks servios, los Ustacha croatas o los partisanos yugoslavos.

      En cuanto al concepto “fanatismo”. Es importante diferenciar entre la legítima y sana protección y fomento de una realidad cultural y la pretensión de monopolizar la verdad y por tanto la deshumanización y deslegitimación de los contrarios , hasta el punto de considerar innecesaria su presencia y/o “sacrificables”. En definitiva, quienes consideran que sus ideas están por encima de la vida de los demás. Quienes así piensan son los fanáticos, que tienden a retroalimentarse en sus ideas, a no ponerlas en cuestión, a negar a los demás y a utilizar cualquier tema para autorreferenciarse. Desgraciadamente esa lacra se cebó especialmente en la antigua Yugoslavia y especialmente en Dubrovnik.

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