De cómo la igualdad de derechos se plasmó en las ciudades coloniales de América

Urbanismo histórico hispanoamericano #2.  por Alberto Garín.


Hay un principio básico en la política griega clásica, la isonomía, que tiende a confundirse con la democracia, término que a su vez suele equivocarse con el igualitarismo ramplón o la solución de los problemas mediante votaciones ganadas por mayoría.
El sistema isonómico es aquel que garantiza la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. Eso implica que es la ley la que establece la organización social y no la voluntad episódica de la gente votando de forma asamblearía cualquier cosa.
Cuando los europeos llegan a América a finales del siglo XV y han de poblar el nuevo continente, estamos ante una sociedad isonómica donde hay un marco legal de igualdad entre pares claramente establecido.
Para empezar, hay una legalidad igualitaria para españoles diferente de la legalidad igualitaria de los naturales. El resultado son dos tipos de ciudades: los pueblos de españoles y los pueblos de indios.
Hemos de fijarnos que antes utilizamos el término poblar y ahora el de pueblo. En ambos casos, no se trata de ocupar un espacio vacio de gente, sino de organizar administrativamente ese espacio, incluyendo a los que ya habitan y añadiendo a los recién llegados.
Bien, el fenómeno de la creación de pueblos implicaba que todos los habitantes de uno de esos pueblos había de tener los mismos derechos que el resto de sus conciudadanos. El resultado fueron, como ya hemos dicho, las nuevas ciudades americanas para europeos, los pueblos de españoles; y las reducciones indígenas, los pueblos de indios.
Los primeros, los de españoles, lograron funcionar mejor que los segundos, los de indios, que en muchos casos hubieron de ser “refundados” siglos más tarde.
Para lograr un reparto equitativo del territorio, muestra de una sociedad isonómica, lo más fácil era hacer trazados regulares (en forma de damero o cualquier otra solución ortogonal). Eso es lo que ocurrió en la Hispanoamérica del siglo XVI, como ya había ocurrido previamente en las ciudades reales de las Españas en el medievo, en las bastidas francesas, las colonias romanas del Imperio, o las de la época helénica.

Plano de la ciudad de Trujillo, Perú

Por supuesto, a pesar de todo había diferencias: había quienes tenían los solares más cercanos a la plaza Mayor, otros que los tenían más lejos. En muchos casos, era la diferencia entre ser soldados de a pie o de a caballo. La isonomía garantiza un terreno igual para todos. Pero si alguien tiene un mérito añadido, que la ley reconoce, como tener caballo, ese mérito se plasma en una mejora en la distribución de la traza urbana.
No, no hubo un arquitecto trazando ciudades en la América del siglo XVI (en la Edad Media de la Europa occidental), hubo un grupo de ciudadanos que plasmaron su igualdad ante la ley, plasmada en un trazo isonómico.

2 thoughts on “De cómo la igualdad de derechos se plasmó en las ciudades coloniales de América”

  1. Pfff…punto de vista no diferenciado, demasiado optimista, no?
    De verdad fue siempre así, no se cita ningún ejemplo ni se contrapone ningún ejemplo de lo contrario. Fue siempre así?
    Son todas las ciudades coloniales un damero?
    Tampoco se profundiza en algún caso ni hay desarrollo

    1. Es cierto. No hay desarrollo y faltan ejemplos. Habrá que avanzar en los siguientes artículos. En cualquier caso, le hago ver que cité plantas regulares (en damero, ortogonales u otras), no exclusivamente en damero.

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