La ciudad son sus ciudadanos

Urbanismo histórico hispanoamericano #3.  por Alberto Garín.


En el urbanismo colonial, la ciudad no es un lugar, sino sus ciudadanos

Cuando se fundaba un pueblo de españoles, en el siglo XVI, en Hispanoamérica, lo que sucedía era, esencialmente, un acontecimiento jurídico. Un grupo de hombres libres se comprometían a vivir en una comunidad regida por unas normas derivadas de la tradición legal castellana, de ahí que además del reconocimiento de la comunidad en sí (el grupo de vecinos), estos se dotaban de las autoridades correspondientes (regidores), un hecho que había de ser ratificado por la corona. La ciudad, por tanto, no era el sitio en sí donde se llevaba a cabo la fundación, sino el acto jurídico de su creación.

Esto suponía que una ciudad, además de ser fundada, había de ser emplazada y trazada. En la historia americana, una misma ciudad sólo podía ser fundada una vez, pero pudo tener varios emplazamientos y trazas. El caso más singular fue el de Santiago de Guatemala, capital del Reino y Capitanía General del mismo nombre, un reino que abarcaba las actuales repúblicas de Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Belice, Guatemala y el estado mexicano de Chiapas.

Santiago fue fundada en el sitio cachiquel de Iximché, en 1524. Allí quedó emplazada la ciudad por tres años, sin que llegará a efectuarse una traza. Tras la sublevación cachiquel, la ciudad fue desplazada al valle de Almolonga, cerca de Ciudad Vieja, en 1527. Fue el segundo emplazamiento de Santiago y su primera traza. En 1541, tras una violenta tormenta, la ciudad fue arrasada por una riada que bajó del volcán de Agua, por lo que se decidió volver a trasladarla, esta vez al valle de Panchoy, en 1543, donde fue su tercer emplazamiento, su segunda traza, y donde aún permanece hoy, ya con el nombre de La Antigua Guatemala.

Estos traslados no eran tan inhabituales, si la geografía se mostraba poco halagüeña con las nuevas urbes. Sin salir del reino de Guatemala, un fenómeno parecido de múltiples emplazamientos, pero siempre la misma ciudad, lo tuvieron Cartago en Costa Rica, que fue desplazada tres veces, o León, en Nicaragua, que tuvo dos emplazamientos (León Viejo y el actual).

Lo interesante es que en todos esos movimientos, la entidad jurídica ciudad (Guatemala, Cartago o León) no variaba. Es decir, la ciudad era el grupo de sus vecinos y no el sitio donde se encontraban. Recordemos que cuando Santiago de Guatemala fue destruida (relativamente) en los terremotos de 1773, se creo una ciudad diferente: la Nueva Guatemala de la Asunción. No fue una decisión aleatoria. El capitán general de la época, Martín de Mayorga, traía claras instrucciones “reformistas” del Secretario de Indias, José Gálvez, encaminadas a mejorar la recaudación fiscal de Guatemala. Con la creación de la Nueva Guatemala, los vecinos de la capital del Reino perdían todos los privilegios adquiridos en la vieja Santiago de Guatemala, incluidas exenciones fiscales históricas, y ahora les tocaría pagar más impuestos.

Seguimos viendo por tanto el peso de ciertas decisiones jurídicas (la necesidad de ser vecinos para poblar, una reforma fiscal) a la hora de crear ciudades.

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