Rawabi, una ventana a la paz con Israel

#2_Asentamientos y poder. por Jaime Caballero.


La primera entrega de esta serie de artículos sobre Rawabi defiende que la construcción de asentamientos y colonias ha sido una de las herramientas más efectivas a la hora de modificar las relaciones de poder en el conflicto entre palestinos e israelíes, aunque, hasta ahora, solo Israel la había podido utilizar.   

En esta segunda entrega queremos plantear la tesis de que Rawabi supone una alternativa para que una parte importante de la sociedad israelí pueda alterar el Status quo.

La frontera Este de Israel es clave a la hora de definir la correlación de fuerzas del país, ya que el que la controle pilotará el conflicto.  

Hoy, es la derecha radical quien ejerce un control político incontestable en la región y, en este sentido, se puede decir que dominar la creación de nuevos núcleos urbanos les ha llevado hasta las cotas más altas de poder político. Si la izquierda israelí disputase la iniciativa de la construcción de asentamientos, podría también disputar el significado de lo que es un asentamiento. Solo demostrando que la convivencia entre judíos y árabes es posible en el quehacer cotidiano de las ciudades, en las peluquerías, en las farmacias, en los bancos, y en los mercados, solo entonces la solución de los dos estados, o cualquier otra solución pacificadora, tendrá visos de verdad, y de futuro.

Rawabi  presenta una oportunidad de oro para que los israelíes planteen nuevas formas de convivencia con sus vecinos, dando pie a estos a liderar el paso a una convivencia pacífica.

 

Denunciar la dura realidad del día a día en la frontera es sano para la democracia israelí, pero la concienciación social de la izquierda no puede contentarse con aspirar a retirarse a la burbuja moderna y multicultural de Tel Aviv, para evitar mancharse por la crudeza del conflicto. Desvincularse de la acción del estado de Israel en los territorios ocupados es un acto irresponsable cuando lo que toca es bajar a trabajar en un lodo del que no son inocentes.

En los orígenes de Israel el laborismo apuntaló su influencia desarrollando granjas comunales en el este del mandato británico. Los kibutz llevaron el sionismo de izquierdas y la asimilación de emigrantes askenazíes desde las faldas del Golán al desierto del Néguev, buscando recuperar lo que fuera el territorio histórico de influencia hebrea, pero no se detuvo ahí. En 1967, Tras la guerra de los seis días el gobierno laborista de Yigal Alon puso en marcha la creación de asentamientos militares y civiles en Cisjordania; tenía dos objetivos claros:

 

El primero era la colonización de las dos ciudades históricas judías: Jerusalén y Hebrón, con el objeto de impedir que se repitiera hechos como la matanza de la comunidad judía de Hebrón en 1929, o el aislamiento y asedio de los barrios judíos de Jerusalén en 1948.

 

El segundo objetivo, era más estratégico: Controlar íntegramente la frontera con Jordania, y asegurar las colinas de Cisjordania, una posición elevada desde la cual se alcanza a ver Tel Aviv. Estas posiciones estratégicas otorgaban una enorme ventaja a la hora de atacar a las ciudades judías. Si los Israelíes dominaban dichos emplazamientos evitarían que la primera línea de combate del próximo ataque árabe fueran las casas de Jerusalén, Ascalón o Tel Aviv. Como dijo Moshe Dayan en 1971: “ El ejercito israelí tiene que tener presencia constante en el Rio Jordán (…) un futuro acuerdo de paz  debe dar a Israel el derecho a asentarse en cualquier lugar de Cisjordania (…) entendiendo que esto no puede ser, en sentido alguno, un prejuicio para la población de estas áreas” (1). En esa época, Dentro del gabinete de la primera ministra Golda Meir, existían dudas sobre esta colonización estratégica, pero en 1973, la Guerra del Yom Kippur, se encargó de disiparlas. Israel nunca estuvo tan cerca de perder la batalla definitiva, y sin embargo la incipiente colonización se había probado útil. El siguiente gobierno liderado por los laboristas  Isaac Rabin y Simon Peres apostó por reforzala

 

Cuando en 1977 la derecha de Menajem Beguin alcanzó el poder por primera vez, la estrategia cambió. El control del territorio como sistema de defensa se convirtió en instrumento de avance de una colonización civil. Por una parte, la vocación política de fondo era, y es, hacer realidad la visión de Eretz Israel, la idea de la tierra prometida defendida por el revisionismo sionista de Jabotinsky y Benzion Netanyahu, Una idea que, apoyándose en las escrituras, busca extender Israel hasta el Éufrates.

Pero también sirvió para proporcionar vivienda asequible a una base electoral discriminada: los judíos expulsados de países árabes -Sefardies y Mizrahies- cuyos valores no eran los del secularismo centroeuropeo, sino los de la ley judía. Desde entonces la política de asentamientos aunó la defensa estratégica con la oportunidad de vivienda barata, uno de los grandes problemas de un país pequeño que ha asumido grandes cantidades de refugiados judíos, pobres o empobrecidos, durante muchos años.

Tras el gobierno de Beguin los laboristas han vuelto a dirigir el país hasta en cuatro ocasiones, y aún así la izquierda nunca ha renunciado a la colonización, se lo impedían su compromiso con la defensa del estado de Israel, y su utilidad como herramienta de cohesión social. Y, aunque la frase de Moshe Dayan: “entendiendo que esto no puede ser, en sentido alguno, un prejuicio para la población de estas áreas” ha orientado su acción, la responsabilidad de la izquierda sobre la actualidad de Cisjordania innegable.

 

Hoy más de medio millón de personas colonizan Jerusalén Este y Cisjordania, de los cuales cerca de un tercio son menores de 10 años. A nivel nacional el voto de izquierdas se concentra principalmente en Tel Aviv y sus suburbios interiores, Haifa y la región de Galilea, dicho de otro modo: electoralmente los partidos de izquierda no tienen ni fuerza ni intereses relevantes en Judea o Samaria (nombre de las regiones históricas con las que Israel denomina a Cisjordania). En cuanto a la estrategia defensiva del primer ministro Alon y el general Dayan, los acuerdos de paz firmados con Egipto y Jordania se vienen respetando con una colaboración estrecha y activa desde hace décadas, ya no es 1972.

 

 

Mapa de Cisjordania de Naciones Unidas sobre los asentamientos y zonas controladas por Israel (en azul)

 

Sin embargo, ahora los enemigos son Hamás y las otras milicias salafistas, por ello, la perspectiva de no tener capacidad de control efectivo sobre un territorio tan extenso y tan cercano a los núcleos urbanos es un riesgo estratégico difícilmente asumible, independiente mente del signo político del gobierno.

Ariel Sharon hizo la prueba con el abandono de asentamientos en Gaza en 2005 y, como es bien sabido, el resultado fue nefasto. Esto es lo que se llama el statu quo, y es lo que ahoga las opciones de los demócratas israelíes.

Si en esta entrega se ha enfocado la cuestión de los asentamientos desde la perspectiva de la izquierda, no es por el disfrute de negar sus posturas, más bien, todo lo contrario.  La izquierda israelí abanderó la hoja de ruta en la que Palestina se convertía en un estado soberano, pero, como desarrollaremos en futuras entregas, esta no puede pasar ni por un estado palestino que suponga una amenaza  para la integridad de los israelies, ni tampoco para aquellos judíos que vivan en el hipotético estado palestino, quienes, aun cuando en muchos casos han comprado sus propiedades a palestinos, son objetivo declarado de estos.

 

 Si la izquierda no entiende que para lograr este objetivo queda mucho trabajo por hacer y que si no lo hacen ellos no se hará solo, la derecha, la extrema derecha, tanto de un lado como de otro seguirán pilotando el conflicto.

En este sentido, el argumento que intentamos esgrimir es el mismo que se esta escuchando cada vez más a menudo: si gana la derecha es porque la izquierda lo esta haciendo muy mal. Dicho de otra manera y citando al actor y divulgador británico Steven Fry: “uno de los grandes fracasos de los humanos es preferir tener razón a ser efectivos”.

Pese a esto,  la vocación de no querer ejercer una presión social y migratoria sobre la población palestina, de no querer desarrollar Palestina desde parámetros israelíes desvinculándose completamente de su vida, resulta un argumento de peso para la Izquierda.   Aquí es donde entra Rawabi, pues indica un camino al que la izquierda israelí puede apuntarse. El desarrollo de nuevas colonias, o ciudades por parte de Palestina, permite a la izquierda participar sin la culpa de aplicar una actitud colonial.

Y de esta manera llegamos a la afirmación sencilla pero rotunda de por qué Rawabi supone una novedad en el statu quo del conflicto. Israel tiene la oportunidad de apoyar Rawabi y ayudar a que se convierta en un proyecto económico de éxito, un punto franco entre dos sociedades que demuestre que en el estado judío existe la voluntad de vivir en paz con Palestina, y de que en Palestina sucede exactamente lo mismo respecto a Israel.

 

  1. The New York Times (08-22-1971), Dayan clarifies occupation.

 

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