La nueva frontera: las ciudades del ártico, parte I

Un repaso por algunas de las ciudades boreales, de las que más oiremos hablar en las próximas décadas.

Por Fernando Mendizabal.


Una de las consecuencias geopolíticas del calentamiento global que más darán que hablar en los próximos años será el paulatino deshielo del Océano Glacial Ártico.

En Julio de 2007, la banquisa ártica retrocedió a su mínimo histórico. En las últimas décadas el 40% de la capa de hielo ha desaparecido. Es por esto que se prevé que la anhelada Ruta Marítima del Norte (que une China con Europa bordeando la costa norte de Rusia), y el Paso del Noroeste, (que une Alaska con Canadá y Groenlandia) queden definitivamente abiertas al tráfico regular de mercancías, al menos durante varios meses al año. De este modo se acortarían significativamente los trayectos de buques mercantes. De hecho, algunas de las principales navieras del mundo: la china Cosco, la japonesa MOL y la danesa Maersk ya han utilizado esta ruta, incluso con tráfico de petroleros.

 

(Foto: NASA, Mapa: elaboración propia)

Pero además de la apertura de rutas comerciales más cortas, la gran oportunidad de negocio se encuentra en los recursos naturales inexplorados en esta parte del planeta. El ártico alberga el 13% del petróleo y el 30% del gas natural que queda, a lo que hay que añadir una enorme cantidad de tierras raras, elementos necesarios para la construcción y funcionamiento de baterías, láseres, materiales superconductores y otras aplicaciones. Estos son los principales motivos por los que los países con aguas territoriales en este océano litigan, por una parte, en la Convención del Mar de la ONU sobre sus derechos de soberanía sobre las plataformas continentales, y por otra a través de los hechos consumados, ya sea mediante la instalación de nuevas estaciones científicas o construyendo grandes barcos de guerra y bases militares en la región.

Algunos asentamientos y ciudades de la región ártica están experimentando en los últimos años fuertes crecimientos demográficos y grandes inversiones en infraestructuras. Este proceso continuará conforme vayan apareciendo más opciones para explotar nuevos sectores productivos, y estos lugares se encuentren mucho más conectados con los principales circuitos económicos mundiales.

En esta primera parte, se destacan algunos de los principales asentamientos del ártico que están consolidándose como auténticas ciudades de referencia en la región. También haremos un repaso por otros lugares que tuvieron una gran importancia en el pasado, principalmente en Estados Unidos y la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría, que si bien hoy son lugares casi despoblados y escleróticos, sus posiciones geográficas estratégicas las puede rescatar de la decadencia en la que se sumieron en las últimas décadas.

Poco a poco vemos como el retroceso de la banquisa abre nuevas oportunidades de negocio en lugares hasta ahora inhóspitos. Los rompehielos rusos se ofrecen ahora como cruceros con destino el Polo Norte y las actividades turísticas de aventura, tanto en Islandia como en Svalbard (Noruega), Canadá o Groenlandia, se han incrementado notablemente en la última década.

–  En esta última, dado el interés de Dinamarca de no conceder la independencia al país esquimal y controlar sus recursos naturales, su capital, Nuuk (17.000 habitantes), en la costa oeste, se encuentra justo a la entrada del Paso del Noroeste.  Este puerto ha vivido un intenso crecimiento de las inversiones por parte del gobierno central, al que se suma un intenso crecimiento demográfico, con 3.600 habitantes nacidos fuera de Groenlandia, principalmente daneses atraídos por las nuevas oportunidades de empleo. De hecho, la mitad de la población danesa de la isla vive en esta ciudad, que desde principios de la década de los 90 ha aumentado su población en un 20% frente al descenso de la misma en el resto del territorio. Lo que hace unas pocas décadas no era más que una pobre factoría que vivía de la pesca y el comercio de pieles es hoy una floreciente ciudad, que además de los edificios administrativos, incluye modernos hospitales y colegios, una universidad, centros comerciales, hoteles, una gran central eléctrica, un importante puerto y un aeropuerto internacional.

Centro de Nuuk (foto: Søren Duran Duus)

Nuuk es quizás el caso más paradigmático de estos pequeños asentamientos que en pocos años están tomando un mayor protagonismo en la región y sobre todo aumentando rápidamente su población. Pero encontramos también otros casos, algunos de ellos, con una interesante proyección de futuro:

– Iqaluit, en la isla de Baffin, es capital del territorio canadiense de Nunavut. La ciudad ha visto aumentada un 15% su población apenas cinco años hasta los 7.700 habitantes. Fue fundada con el nombre de Frobisher Bay en el contexto de la Guerra Fría como una pequeña base americana con una pista de aterrizaje y estación de radar. Fue declarada aldea 1974, cuando contaba únicamente con mil habitantes, la mayoría de ellos inuit. Actualmente cuenta con infraestructuras similares a las de Nuuk (aunque dimensionadas a su población).

Su situación geográfica es fundamental para apuntalar las tesis canadienses frente a la disputa diplomática respecto a la libertad de tránsito por el Paso del Noroeste, dado que cruza las aguas territoriales de ese país. Otros estados reclaman que al igual que en el caso del Estrecho de Gibraltar, el paso sea libre, aunque Canadá pretende que sea bajo peaje.

Su posición estratégica, controlando (al igual que Nuuk) tanto el comienzo del paso del Noroeste, como la entrada a la Bahía de Hudson y el puerto de Churchill, en Manitoba, la están convirtiendo en una ciudad próspera y rica, con altos salarios y con un gran potencial de crecimiento, alojando un importante puerto comercial y siendo la base de operaciones para acceder al ártico desde Norteamérica.

 

Iqaluit (foto: Dustin Manley)

– En el archipiélago noruego de Svalbard/Spitzbergen, se encuentra su capital Lonyearbyen. Con una población pequeña y muy rotante (2.144 habitantes), es el poblado boreal con mayor población, y un lugar que está despertando un enorme interés científico, turístico y estratégico.

La ciudad se fundó a principios del siglo XX por la compañía minera Longyear.  

Spitzbergen tiene una gran tradición minera. Por un tratado internacional de 1920, cualquier país o empresa puede instalar libremente bases científicas, de prospección y asentamientos en el archipiélago. Este fue el caso de la Unión Soviética, que contó con grandes asentamientos permanentes como Pyramiden o Barentsburg. Además, Las islas son uno de los puntos habitados más próximos al Polo Norte y se controla el paso final de la Ruta Marítima del Norte, así como la comunicación directa entre la base rusa de Murmansk y el Polo. Es también la cuña geográfica de Noruega en la región, por lo que este país ya ha exigido la exclusividad de sus aguas.

Actualmente, la minería se ha trasladado fuera de Lonyearbyen y la ciudad se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de aventuras polares procedentes de Oslo y Tromso, así como un importante centro científico y universitario. Cuenta también con una estación de satélites y con el Banco Mundial de Semillas.

 

Cruceros en Longyearbyen (Foto: Wikipedia)

 

Dentro del grupo de pequeñas ciudades y aunque en la actualidad, con un menor potencial de crecimiento, destacan la norteamericana Utqiagvik y la rusa Pevek. Se trata de asentamientos que fueron relativamente importantes en la región durante el siglo pasado y que por su posición estratégica, las infraestructuras que conservan y la apuesta geopolítica de las dos potencias por hacerse con su trozo del pastel ártico, bien podrían recuperar su antigua importancia.

 

Utqiagvik, antigua Barrow, en Alaska, es la ciudad más septentrional del continente americano y una de los principales asentamientos inuit. La ciudad tuvo un fuerte crecimiento en el último cuarto del siglo pasado, sirviendo de base para ofrecer servicios de apoyo a las explotaciones petrolíferas del norte del estado así como de base militar norteamericana cerca del Estrecho de Bering y de la URSS.

Actualmente la ciudad ha perdido población fija (en torno a 300 personas desde 2000), debido principalmente al precio de los alimentos importados (dado que la alimentación local es de subsistencia) y a ser uno de los lugares más afectados por el cambio del clima y el deshielo del permafrost sobre el que se asienta. Veremos si, una vez iniciada la carrera por los recursos bajo la banquisa, esta ciudad se convierte en una importante base de operaciones estadounidense del Ártico.

 

Diferencia de la banquisa en Utqiagvik / Barrow (Foto: NASA)

 

– Por último, la decadente ciudad rusa de Pevek, en Siberia, famosa por albergar varios gulags en época soviética. Fue el principal puerto oriental de la Ruta Marítima del Norte, construido para dar refugio a los rompehielos y barcos que transportaban el uranio de sus minas cercanas.

La ciudad llegó a tener casi de 13.000 habitantes en 1989. Actualmente, con las minas cerradas, solo cuenta con 4.700. En un futuro próximo, este lugar puede convertirse en un centro logístico estratégico para otros países como China y sus empresas navieras, con grandes intereses en mantener cierto control sobre las rutas comerciales alternativas al Collar de Perlas índico.

 

Pevek (Foto: Wikipedia)

Algunos de estos pequeños pueblos y asentamientos, en tanto que entrada al Polo Norte, tenderán a consolidarse como ciudades de cierta importancia en los próximos años, y es más que probable que oigamos sus nombres cada vez más, dado que el Ártico, ya sea por cuestiones turísticas, económicas, geopolíticas o medioambientales,va a adquirir mucho más protagonismo en un futuro cercano.

De hecho, paralelamente al deshielo y al aumento de población inmigrante, los habitantes inuit de Groenlandia, Alaska y Canadá ven como su hábitat está cambiando de forma radical en apenas unas décadas. La minería y los combustibles de los grandes cargueros generan partículas que se asientan en la banquisa, cambiando su reflectividad, lo que retroalimenta y acelera aún más su deshielo. A su vez, la ausencia de hielo en zonas del océano y en lagos implica mayor incidencia de luz y mayor temperatura en el agua, lo que aumenta la vida microbiana.

En poco tiempo, los inuit, una cultura de tradiciones milenarias adaptadas a un medio helado están viendo como su ecosistema cambia cada vez a mayor velocidad. Un ecosistema que además incluye una fauna muy vulnerable a todos estos cambios.

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